Los romanos en Catalunya: de Empúries a la caída de Tarraco

Roma llega al nordeste de Iberia en el 218 a.C., en plena Segunda Guerra Púnica: Cneo Cornelio Escipión desembarca en Empúries para cortar los refuerzos cartagineses que pudieran llegar a Aníbal. No fue una conquista planificada, sino una operación de guerra contra Cartago que con el tiempo se transformó en ocupación de todo el territorio — un proceso de casi dos siglos, no una invasión rápida y uniforme, con fases de guerra, pactos con élites indígenas y una romanización muy desigual según la zona.

Tarragona (Tarraco) se convierte en la gran capital: Augusto pasó allí el invierno de 26-25 a.C. dirigiendo las Guerras Cántabras, y la ciudad llegó a ser sede efectiva del poder imperial romano. Su conjunto arqueológico —muralla, anfiteatro, circo, foro provincial— es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 2000. Barcelona (Barcino), en cambio, nace como una colonia romana modesta, de apenas 3.500-5.000 habitantes en su apogeo, pero es la que más ha crecido desde entonces: el Barri Gòtic actual se asienta literalmente sobre su perímetro amurallado. Y en el 49 a.C., Lleida (Ilerda) fue escenario de la primera gran victoria de Julio César en la guerra civil contra Pompeyo, una campaña de meses decidida por el control de los puentes sobre el Segre.

Ruinas romanas en Jerash. Foto: la rosa (CC BY-SA 4.0), Wikimedia Commons.
Ruinas romanas en Jerash. Foto: la rosa (CC BY-SA 4.0), Wikimedia Commons.

La huella más duradera no es de piedra: es la lengua. El latín vulgar hablado en la Tarraconensis evolucionó, por su posición fronteriza con la Galia y su posterior integración en la Marca Hispánica carolingia, hacia un romance propio que es el antecedente directo del catalán — con topónimos de raíz latina como Girona (Gerunda) o Badalona (Baetulo) que se usan hoy sin pensar en ello. Tarraco fue además uno de los focos cristianos más tempranos de Hispania: en torno al martirio del obispo Fructuoso en el 259 d.C. se desarrolló una necrópolis paleocristiana con más de dos mil enterramientos, una de las mayores del Imperio de Occidente conservadas arqueológicamente.

El final es un proceso gradual, no una fecha única: entre el 409 y el 476 d.C., el poder romano en la Tarraconensis se diluye a través de pactos con reyes godos aliados, hasta la plena integración en el reino visigodo — con Barcino actuando, brevemente, como su primera capital.

Fuentes: Patrimoni Cultural, Generalitat de Catalunya, Wikipedia — Barcino.

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