Herencia genética indoeuropea: lo que dejó la estepa en nuestro ADN

¿Qué queda hoy, en el ADN de las poblaciones europeas y asiáticas actuales, de aquellas migraciones indoeuropeas? La ciencia lo rastrea con tres herramientas: la ascendencia autosómica (que descompone el genoma en componentes de cazador-recolector, agricultor neolítico y pastor estepario), los marcadores del cromosoma Y y el ADN mitocondrial, y los viejos grupos sanguíneos ABO/Rh, usados desde los años 1920 antes de que existiera la secuenciación genética.

En febrero de 2025, un estudio en Nature (Lazaridis et al.) identificó una pieza que faltaba: la población Cáucaso-Bajo Volga (CLV), activa hacia el 4500-3500 a.C., de la que procede alrededor del 80% de la ascendencia yamnaya y que explica también el caso de los hititas de Anatolia, que no encajaban bien con el modelo puramente estepario. El legado genético de la estepa hoy es alto en Escandinavia y las islas británicas, medio en Iberia, y prácticamente ausente en Cerdeña y entre los vascos — dos poblaciones que, junto con los sardos, conservan la mayor proporción de ascendencia de agricultores neolíticos de toda Europa.

Mapamundi con flechas y fechas que representan las rutas de migración humana desde África.
Mapa de migracion humana y ADN genetico. Imagen del almacen historia.egv.es.

El caso vasco tiene una vuelta de tuerca interesante: pese a esa continuidad genética neolítica (confirmada con ADN de Atapuerca), los vascos son mayoritariamente del linaje paterno R1b, el mismo asociado a la llegada esteparia en el resto de Europa occidental — prueba de que genes, cultura material y lengua no siempre viajan juntos, porque el euskera sigue sin ser indoeuropeo. Un desajuste similar ocurre con Armenia, cuya lengua sí es indoeuropea pero cuyos genomas de la Edad del Bronce no muestran la señal esteparia clásica; la actualización CLV de 2025 explica esa paradoja. Y en la India, la ascendencia esteparia (vía indoaria) es más alta en las castas altas —brahmanes, bhumihar— y más baja en grupos tribales y de casta inferior, un patrón social milenario que hoy se puede medir directamente en el genoma.

¿Y los grupos sanguíneos? El hallazgo más citable: el alelo del grupo B está completamente ausente en los cazadores-recolectores europeos y en los primeros agricultores neolíticos analizados; aparece por primera vez en Europa con los pastores esteparios de la Edad del Bronce. Eso sí, nada de esto avala las dietas «según el grupo sanguíneo» ni ninguna otra pseudociencia — es correlación estadística poblacional, no un dato individual.

Fuentes: Nature (2025) — The genetic origin of the Indo-Europeans, PNAS (2015) — orígenes genéticos de los vascos.

Para profundizar más: el informe completo.