Tras la derrota y muerte del rey visigodo Rodrigo en el 711, las tropas omeyas conquistan con rapidez el nordeste peninsular, integrándolo en lo que la administración andalusí llamará Ath-Thaghr al-A’là, la «Marca Superior» — una frontera con amplia autonomía respecto a Córdoba, gobernada por familias locales muladíes como los Banu Qasi. Pero el territorio no cambió de manos de golpe: el norte se pierde pronto (Girona pasa a manos francas en 785 sin apenas resistencia; Barcelona cae en 801 tras un asedio de seis meses de Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno), mientras que el sur —Lleida, Tortosa, Siurana— sigue siendo territorio andalusí activo casi 350 años más.
Ese largo periodo de frontera no fue guerra continua: incluyó pactos de parias (tributos), alianzas cruzadas y hasta episodios que rompen el relato de «cristianos contra musulmanes» en bloque. El más citado: en 1082, el gobernante de la taifa de Lleida, Al-Múndir, se alió con el conde Berenguer Ramón II de Barcelona contra las tropas de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, y ganaron juntos la batalla de Almenar. Condes catalanes y reyes de taifas pactaban según conveniencia política, no según una división religiosa rígida.

El cierre llega en 1148-1149, dentro del impulso de la Segunda Cruzada: Ramon Berenguer IV conquista Tortosa con apoyo naval genovés y contingentes del Temple y el Hospital, y un año después culmina con la toma de Lleida, poniendo fin a casi 350 años de presencia islámica organizada en el territorio catalán (aunque Siurana resiste hasta 1153). Hoy la Seu Vella de Lleida se levanta sobre el emplazamiento de la antigua mezquita mayor, y la medina andalusí bajo el casco antiguo sigue siendo objeto de estudio arqueológico de la Universitat de Lleida.
Fuentes: Wikipedia — Sitio de Barcelona (801), Wikipedia — Taifa de Lérida.
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