El Danubio está viviendo en 2026 uno de los estiajes más severos de su historia reciente: a finales de julio, el nivel del río a su paso por Budapest cayó a 23 centímetros, por debajo del mínimo histórico de 33 centímetros registrado en 2018. El desastre hidrológico tiene un efecto secundario inesperado — está desnudando el lecho del río y sacando a la luz restos que llevaban siglos, o milenios, bajo el agua.
Uno de los hallazgos más llamativos se ha producido cerca de Dunaújváros, en el centro de Hungría. Un equipo del Museo Intercisa rastreaba el lecho expuesto junto a la isla de Szalki buscando los restos del desaparecido monasterio medieval de Pentele. En su lugar, encontraron un fragmento de un altar de piedra caliza dedicado a Júpiter, la máxima divinidad del panteón romano. Días después, en la misma zona, recuperaron dos fragmentos más de tablillas de piedra caliza con inscripciones.

El lugar no es casual: Dunaújváros ocupa el emplazamiento de Intercisa, un fuerte militar romano que formó parte del limes, la línea fortificada que Roma mantenía a lo largo del Danubio para defender la provincia de Panonia frente a los pueblos del otro lado del río. Durante siglos, esa frontera sostuvo guarniciones, templos y poblaciones civiles asociadas al ejército, y los altares como este solían levantarse para pedir protección o agradecer favores a los dioses, a menudo por soldados o funcionarios destinados allí.
Los arqueólogos siguen trabajando mientras el nivel del agua lo permita, conscientes de que cada pieza que sacan ahora es una que la próxima crecida podría volver a enterrar o arrastrar río abajo. La sequía, mala noticia para la navegación y la agricultura de media Europa, se ha convertido de paso en una rara ventana abierta al pasado militar romano del Danubio.
Fuentes: Archaeology News Online Magazine, All That’s Interesting, Euronews

